"Rafael del Guazú" (Weekend, agosto de 2011) Destacado

Recordamos la nota publicada en la revista Weekend de agosto de 2011, con autoría de Rodolfo Perri y su relato del trabajo de Rafael Szpytma en una de las tantas crecientes y en la creación de nuestra Sede Barca Grande, a dos días de su décimo aniversario.

El Guazú es uno de los hijos mayores del Paraná. Su nombre guaraní lo indica: significa “mayor”, o “más grande”. Es importante por el caudal y la extensión que abarca más de 100 kilómetros tortuosos, entre bancos de arena, fango, islotes e incontables brazos que se le separan y se le vuelven a unir. Compone el Delta, que remeda una como intención de permanencia. El Paraná no quiere dejar la tierra firme. No busca el estuario liso y llano de su hermano el Uruguay, se introduce en la tierra blanda y le aumenta el tamaño y el verdor con toneladas de sedimentos. Es además cita de todos los pescadores porque alberga inagotables cardúmenes. Por eso, un soñador y aventurero socio del Club de Pescadores, cierta vez, hace muchos decenios, consiguió establecer un refugio en una de sus márgenes, en la orilla entrerriana, cerca del Brazo Largo. Así nació el actual refugio de esa entidad decana. Y dio lugar a la presencia inamovible de Rafael, nuestro hombre en el Guazú.

No es el primero de los encargados. Pero es y será siempre el más importante, el “encargado Guazú” para seguir con la filología guaraní. Como en todo el vasto sistema isleño, cada tanto se producen desmanes naturales que exigen esfuerzos, previsión y energías a todo derroche para evitar o recomponer los destrozos. El caso del anexo Guazú es un ejemplo típico. Las anécdotas son múltiples pero entre ellas se destaca la última creciente desmesurada, que provocó, no hace mucho, un verdadero exilio masivo de pobladores. En este caso, las aguas cubrieron la isla por varios meses. Todos se fueron. Rafael puso en la lancha de auxilio a su familia y los enseres más valiosos. Pero él se quedó. Ocupó su casa elevada y se dedicó a rescatar todo lo que el río no pudo llevarse. El muelle de madera dura fue desplazado y en parte destruido. El, solo, a veces con la ayuda fugaz de algún vecino, procedió a salvar la mayor parte de los tirantes de madera dura y la tablazón del muelle, al cual luego reconstruyó impecablemente. Cuando algún tiempo después recibió una más que merecida distinción por parte del club, en la reunión de marras nos recordó una de sus recordadas frases de isleño veterano “No hay que dejarlo ganar siempre al río, así no se acostumbra…”

Es que Rafael es un ejemplo acabado de esa gente sufrida que fue la única capaz de “humanizar las islas”, al decir de Lobodón Garra (Liborio Justo) en su inolvidable libro “El río oscuro”. Con nuestro amigo nos ocurre, a veces, inventar la presencia de alguna especie valiosa, dorado, pejerrey, boga, para organizar una excursión al anexo. Allí nos recibe, con su amistoso apretón de manos y la promesa de buenas pescas. El hecho en sí es estar un rato de amable plática con ese hombre del río. El allí se siente en su elemento, acepta el embate de la tecnología, pero guarda siempre la confianza de los que se le animan a la correntada, a pala simple, en una más simple aún canoa isleña. Todo eso sin mengua de su probada capacidad organizativa. Recientemente el club recibió una donación del doctor Piana. Varias hectáreas sobre el Barca Grande, cerca del borde exterior del Delta. Zona alejada y que conserva la fisonomía salvaje de las islas, con una garantía perenne, la soledad y el canto de los pájaros. Lo difícil fue acomodar el lugar y fiscalizar las obras. Rafael se encargó de todo y todo se hizo según lo planeado para obtener así un segundo refugio. Después, regresó a su casita del Guazú. Así de simple. A veces se me ocurre que va entrando en el sendero de la leyenda. Tanto que, ante cualquier tormenta, o sudestada, o inundación, en fin, cada una de las eventualidades de las islas, cuando se comenta el hecho, alguien, invariablemente, cierra la charla con una afirmación: “Ah, pero no se preocupen, en el Guazú está Rafael”.

Rodolfo Perri

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